Pero Nico le guiñó un ojo a su madre y se inclinó hacia Mateo, que empezaba a mirarlo con indiferencia.
—Y además, querido hermano —susurró Nico con un tono de conspiración lo suficientemente alto para que sus padres lo oyeran—, si el encanto de un hombre maduro como tú no funciona, tal vez te falte estilo. ¿Quieres que te preste mi peine y mi gomina? A lo mejor después de eso las mujeres se vuelven locas por ti y logras pasar página, en lugar de seguir estancado en el pasado.
La ocurrencia de