La noche se deslizaba sobre Sevilla, trayendo consigo el suave aroma del jazmín y una brisa fresca y tranquilizadora. Mateo Cortés entró en la casa de sus padres, con el paso pesado tras una larga jornada de trabajo.
El olor a la cocina de Regina Cortés, su madre, invadió sus sentidos de inmediato: gambas salteadas con pimentón y arroz amarillo, su plato favorito. Una sonrisa tenue, apenas perceptible, se dibujó en sus labios.
—Mateo, ¿ya estás en casa, hijo? —Regina apareció desde la cocina co