"¿Cuántas veces tengo que decírtelo, Diego? ¡Ese balcón no es una chimenea de fábrica!"Sofía gritó sin un ápice de duda, su voz rompiendo el aire matutino que debería haber sido tranquilo. Sus manos se cerraron en puños, agarrando con fuerza el borde de la ventana corredera que acababa de golpear tan violentamente que casi se sale de su carril."¿Y cuántas veces tengo que explicarte a ti, cariño El viento es un fenómeno natural. No puedo controlar hacia dónde sopla", respondió una voz grave desde el otro lado de la pared divisoria del balcón, sonando muy relajada, casi perezosa.Sofia respiró hondo, tratando de llenar sus pulmones de oxígeno, pero lo único que recibió fueron restos del penetrante aroma a tabaco barato. Su Gayo preferido—el café de primera que había preparado con precisión a ochenta y cinco grados Celsius—ahora sabía insípido, totalmente superado por la contaminación del aire de su vecino."No me llames Cariño. No estamos en una telenovela", siseó Sofia. Salió a su pe
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