Sofia solo pudo esbozar una sonrisa forzada mientras contenía la respiración, sus manos se aferraban al borde de la mesa al sentir el brazo de Diego. —S-sí, mamá. Es que todavía estamos en proceso de adaptación —respondió en voz baja, tratando de ocultar su incomodidad.
—Y tú, Sofía. Te ves incómoda con ese vestido —continuó Victoria, mirando fijamente a su hija—. Normalmente a estas horas solo usas pijama de trabajo. ¿Por qué tan arreglada? ¿Vas a tener una cita o a enterrar un secreto?
—Quería