—Curiosamente —Diego sonrió con suavidad—, esta loca, arrogante y maravillosamente hermosa mujer terminó respondiendo «vale». Quizás porque, en el fondo, estaba cansada de quejarse sola y necesitaba a alguien que la escuchara, como yo.
Sofía sintió un vuelco en el corazón. ¿Cómo podía Diego mentir de una forma tan hermosa? Como si realmente tuvieran un romance trágico y apasionado, cuando, en realidad, todo se reducía a las cuotas del banco.
—Eso es... ridículo —murmuró Victoria, aunque su ton