Keith
Después de que llegáramos al Café Pablito. Uno muy lindo por cierto. Buscamos una mesa para tomar asiento, esas mesas eran cubiertas por manteles con cuadros rojos y blancos; en el centro habia un servilletero monísimo, noté pequeños detalles de rosas y margaritas en ese objeto.
Alterné la vista en mi entorno, las personas conversaban, otras simplemente disfrutaban de un buen café, capuchino, o de un buen almuerzo.
La verdad es que el hambre comenzaba a hacerse presente. Y mi estómago no