Capítulo XXVIII

Keith.

―¡No me mientas, Michael! ―Exclamé fingiendo estar molesta―. Dime su nombre verdadero.

Sí, después de dos días viendo a mi mejor amigo, me confesó de sus sentimientos hacía una misteriosa mujer.

Confesión que me dolió, y mucho...

Fué como si una daga hubiera Sido clavada en mi corazón en el momento en el que de sus labios salió: Estoy enamorado, Keith... Estoy enamorado de una mujer excepcional y hermosa.

Tragué grueso en ese momento, sabía que era cierto porque sus ojos brillaban y notaba que él estaba siendo sincero.

Mi mundo se vino abajo y un sentimiento amargo se apoderó de mi ser.

Me dolió mucho.

Cada vez que respiraba, recordaba sus palabras y me dolía.

Pero fingí estar feliz por él.

En fondo solo quería que Michael fuera feliz.

Así que... ¿Por qué arruinar todo por los estúpidos celos?

―Okey, se llama María. ―Respondió y supe que mentía.

―Okey, primero Ana, luego María... Empiezo a creer que es ficticia y que ni tu sabes quién es tu chica. ―Articulé, incrédula.

El río c
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