Keith.
―¡No me mientas, Michael! ―Exclamé fingiendo estar molesta―. Dime su nombre verdadero.
Sí, después de dos días viendo a mi mejor amigo, me confesó de sus sentimientos hacía una misteriosa mujer.
Confesión que me dolió, y mucho...
Fué como si una daga hubiera Sido clavada en mi corazón en el momento en el que de sus labios salió: Estoy enamorado, Keith... Estoy enamorado de una mujer excepcional y hermosa.
Tragué grueso en ese momento, sabía que era cierto porque sus ojos brillaban y nota