39. Irrevocablemente enamorado
Mientras emprendía su camino de regreso a la casa grande, rogó en su interior para que por favor no fuese demasiado tarde para ella... para ellos.
Tan pronto los neumáticos crujieron abruptamente en la explanada, saltó fuera de la camioneta y la tomó en brazos, más angustiado de lo que alguna vez había estado en su vida. Corrió al interior con ese cuerpo laxo que parecía casi sin vida; aunque seguro estaba de que su corazón todavía latía, pues antes se había asegurado de ello.
— ¡Leandro, lleva