La mujer rubia, que había aparecido al finalizar la cena, les sonreía con la complicidad de compartir con ellos un secreto sucio. El relajado ambiente se llenó de incómoda tensión.
—¿Disculpa? —cuestionó Estefanía luego de que ella se refiriera a Johannes de forma tan despectiva.
—No es tan travieso como otros, pero cuando se pone bravo...
—Fue un gusto verte, Josefina. Nosotros ya nos vamos —él apoyó la mano en la espalda de Estefanía para apurar la salida.
—Yo iba a invitarlos a un