En cuanto Sheily bajó el pantalón de Zack y tuvo su miembro entre las manos, se quedó tan impresionada que se fue de espaldas y cayó sobre sus nalgas.
Una hora antes.
Después de la magnífica cena, muy amena en compañía de Zack y su incesante charla, suponía ella que debido a los nervios, retomaron el recorrido de la casa.
A cada paso que Sheily daba en el ala derecha de la casona se sentía como en la visita educativa a un museo.
—¿Esa señora es tu tatarabuela? —preguntó, señalando una fotog