—Tu tía Sara empezó a tomar un curso de tejido. Partió haciendo bufandas, sweaters y le ha ido bien vendiéndolos. Me dio uno para ti y le dije que te lo daría en cuanto te viera. No imaginé que tardarías un año en venir, tal vez ya ni te queda —se quejó la madre de Sheily.
Pese a estar a mediados de sus cuarenta, se veía bastante joven. Ayudaba el que siguiera vistiéndose como si tuviera veinte.
—Dejé de crecer hace bastante tiempo, mamá y cuido la línea para no ponerme gorda —explicó Sheily,