La posada de Ana seguía existiendo y seguía siendo bastante decente. Sheily dejó sus cosas en una habitación con vista hacia la plaza y fue al comedor que había en el primer piso, junto a la recepción.
El menú del día era cazuela y se le antojó muy delicioso en comparación a las sofisticadas preparaciones que ofrecía el comedor de la compañía. Una comida de hogar.
—Qué disfrute —le dijo la muchacha que le sirvió, con una sonrisa cándida e inocente, habitual en la gente que vivía lejos de la ci