Con los ojos llorosos, Estefanía intentaba pedir un auto de aplicación para irse del hotel ya mismo. La gente linda había resultado ser horrenda, viviendo en el mundo perfecto que se inventaban y donde eran los reyes, sin importarles una pizca los demás, a quienes usaban como peones en sus estrategias de vida.
Nunca volvería a confiar en un hombre atractivo que le hablara con tanta amabilidad. Eso le pasaba por andarse creyendo más de la cuenta. Era fea y cualquiera que quisiera pasar tiempo