En su oficina, Johannes miraba por el ventanal la mañana gris que no parecía querer mejorar. En días así, sentía deseos de estar en un lugar cálido y oscuro, como una caja. Ojalá alguien quisiera encerrarlo en una caja.
Estefanía llegó con unos documentos. Llevaba el cabello recogido y se le veían las orejas, pequeñas y bien formadas, como las de una pintura. Usaba unos aretes de plata con forma de flores, grises como el cielo. No se ponía labial, pero sí algún bálsamo hidratante que los hací