«Una hora no es suficiente, ¿qué tal veinticuatro?».
La propuesta del amo del tatuaje seguía repitiéndose en la cabeza de Sheily. Era inevitable sentir un cosquilleo en lo profundo de su cuerpo con sólo recordar su profunda voz... Su sabor.
«¿Veinticuatro horas? ¡El amo me mataría!», le dijo ella.
Sin mencionar que tanto tiempo juntos les costaría una fortuna, pero qué importaba el dinero, a ella le sobraba y probablemente a él también. Lo fundamental era la extensión, ¿acaso ella aguantaría