Danae llegó dos horas tarde. Venía maquillada y no necesitó pintarse las uñas, pues le mostró su nueva manicure. Las uñas que llevaba eran verdaderas obras de arte, en una brillaban incluso unas gemas. Las de Estefanía eran minúsculas en comparación, y se esforzaba por no mordiaquearlas cuando estaba ansiosa.
Por varios minutos observó a la mujer intentando coger un lápiz y luego teclear. La vio divertirse presionando las teclas con las puntas de sus garras.
—¿Tienes novio, Estefanía? —pregu