Un lujo sin precedentes acompañó a Estefanía desde que cruzara las amplias puertas del hotel del que su jefe sería prontamente dueño.
«Ambientes limpios y bellos, personal atento, magnífica decoración en la habitación», eso anotó en su tableta. Admiró la vista por la ventana desde el piso 16 y luego se dejó caer en la enorme cama.
En media hora tenía cita en el spa, luego iría a darse una vuelta por el gimnasio y el salón de belleza, y todo gratis. Definitivamente ser la asistente de la asi