La lluvia había dado paso a una humedad densa y sofocante que envolvía la caseta de madera como una mortaja. El sonido del río Hudson golpeando contra los pilares del muelle era el único metrónomo de una noche que se negaba a terminar. Dentro, la luz de la lámpara de queroseno agonizaba, lanzando destellos anaranjados que bailaban sobre las paredes de madera carcomida.
Dante seguía de pie frente a la ventana, observando el horizonte con la rigidez de un soldado que espera el fin del mundo. Ale