El carguero MS Silver Star cortaba las aguas del Pacífico con una monotonía pesada. En el camarote de oficiales, un espacio reducido que olía a gasóleo y metal oxidado, Alessandra Cavallaro sentía que el mundo exterior había dejado de existir. Ya no era la dueña de Cartagena, ni la mujer que amaba a Dante Vancini. Era solo una sombra navegando hacia el origen de todas sus desgracias.
Dante estaba en la cubierta superior, vigilando los radares, respetando el muro de silencio que Alessandra hab