El distrito de Kowloon, en Hong Kong, no dormía; simplemente agonizaba bajo un mar de neones parpadeantes y vapor que subía de las alcantarillas. Alessandra y Dante caminaban por los callejones estrechos de la Ciudad Amurallada, donde el aire olía a fritura, incienso barato y peligro. Sus identidades como consultores canadienses eran un escudo de papel frente a las miradas de los "vigilantes" de la Tríada Roja que custodiaban cada esquina.
Finalmente, llegaron a The Jade Phoenix. No era un ba