Capitulo 9. Las Reglas de la Jaula
Las palabras de Alessandro—“Bienvenida a casa, Isabela”— no fueron una bienvenida. Fueron el chasquido metálico de una cerradura en una celda de lujo. Cayeron en el silencio opresivo del vasto penthouse, frías y pesadas como el mármol bajo mis pies. El terror, que había sido un cuchillo afilado durante el trayecto, se transformó en un veneno helado que se extendió lentamente por mis venas, paralizando cada músculo.
Me quedé inmóvil, mi mirada saltando de la impenetrable puerta metálica a la pan