El jardín en la azotea del Hotel Bellini, un oasis de verdor y lujo en el corazón de Milán, era el punto de encuentro elegido por Isabela. Un espacio público durante el día, ahora, al atardecer, ofrecía rincones privados entre maceteros gigantes y una vista panorámica de la ciudad que prometía una ruta de escape visualmente clara, pero tácticamente ilusoria. Se sentía expuesta y atrapada al mismo tiempo, el aire fresco de la tarde no lograba enfriar la adrenalina que corría por sus venas. El co