Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire de la bóveda, ya denso con el polvo de décadas, se hizo más pesado con el peso de la expectación. La carta, lacrada con el escudo Lombardi, era más que un simple papel; era la voz de Franco, el último testamento de un hombre atormentado, guardado en el corazón de su antiguo hogar. Alessandro la sostuvo en sus manos temblorosas, la cera fría contra sus dedos. No era el miedo a lo que contenía, sino la solemnidad del momento, la última conversación con un padre que creía haber conocido.







