Capitulo 21. La Cueva del Leon
—A partir de ahora, corremos.
Las palabras de Alessandro no fueron una sugerencia; fueron el disparo de salida. Agarró la muñeca de Isabela, y esta vez el contacto no tenía nada de posesivo ni de sensual. Era el agarre funcional y urgente de un soldado que arrastra a un civil del campo de batalla. La sacó de la cocina en ruinas, lejos de las sirenas que aullaban su fracaso, y se dirigió no hacia el ascensor privado, sino hacia una pared anodina en el pasillo de servicio.
Con un movimiento de su