Capitulo 13. El Precio de la Informacion
La imagen de Giuliana sonriendo, del brazo de Marco Bellini, me golpeó como un puñetazo helado. Mi respiración se cortó. El nombre, que segundos antes había sido una victoria de mi intelecto, se transformó en veneno puro. Mis dedos, aferrados a la tableta, se entumecieron. Retrocedí un paso de la mesa, como si el cristal ardiera, mis ojos fijos en la pantalla que revelaba la cara del enemigo. El silencio en el ático era ensordecedor, lleno del zumbido de mi propia sangre corriendo por mis venas