C85. Me equivoqué.
Giovanni Ferrari
El eco lejano de la puerta del jardín de invierno al cerrarse me devolvió una fracción de aire. Miré a Francesca. Seguía recostada, pero la rigidez de su mandíbula había desaparecido. Sus dedos flojos aún rozaban los míos. Por un segundo, el peso de mis años se sintió un poco más ligero. Pensé que el silencio de la villa era, por fin, un territorio conquistado.
Me equivoqué.
El sonido no fue un grito, sino el golpe seco y rítmico de unas botas subiendo la escalera principal. Pa