C45. Cenizas sobre el mármol.
Giovanni Ferrari
Después de que me dieron la noticia, sentí que el aire se me atoró en la garganta. Miré a Francesca. Ella no se movía. No lloraba. Estaba allí, acostada entre sábanas blancas que parecían un sudario, con la mirada perdida en algún punto del techo que yo no alcanzaba a ver.
Su rostro, que hace unas horas brillaba con la promesa del alta, ahora era una máscara de mármol gris.
—Salgan todos —ordené.
Mi voz salió como un rasguido, seca y peligrosa.
Los médicos y enfermeras dudaron,