C46. Se acabó.
Florella Francesca Ferrari
El regreso a la villa no fue un retorno, fue un entierro. El coche blindado cruzó el portón de hierro y el sonido del motor me pareció el rugido de una bestia que volvía a su cueva.
Giovanni intentó ayudarme a bajar, extendiendo su mano con esa mezcla de lástima y protección que ahora me producía náuseas. No lo toqué. Bajé por mi cuenta, ignorando el dolor punzante en mi vientre, ese vacío que me recordaba a cada segundo que mi cuerpo era un cementerio.
Subí las esca