C44. La tregua de cristal.
Florella Francesca Ferrari
El sonido del monitor era un latido constante, rítmico, casi hipnótico. Un "bip" que se sentía como el único hilo que me mantenía anclada a la realidad. Habían pasado tres días desde que el mar intentó tragarse mi felicidad. Tres días desde que desperté en esta habitación blanca de paredes frías, con el olor a antiséptico reemplazando el aroma a sal de Amalfi.
Me toqué el vientre con dedos temblorosos. Seguía ahí. Estaba vivo.
El médico lo llamó "amenaza de aborto por