Capítulo 8. Guerra de sangre.
El oxígeno abandonó los pulmones de Lidia. Su sangre se congeló en las venas. Su corazón se detuvo una fracción de segundo y luego golpeó contra sus costillas con tanta violencia que le dolió el esternón.
Conocía ese acento. Conocía ese tono implacable.
Giró la cabeza de golpe. Las puertas dobles de caoba del fondo estaban abiertas de par en par. Dos guardias de seguridad del hotel yacían en el suelo, inconscientes.
Un hombre caminaba por el pasillo central de la alfombra roja. Los invitados má