Capítulo 23. Anuncio urgente.
El beso terminó, pero el incendio no.
Liam se separó de Olivia, jadeando, con los ojos oscurecidos por la adrenalina. Tenía la boca manchada de carmín rojo, una pintura de guerra que no se molestó en limpiarse.
Los flashes seguían disparando como ametralladoras. Los gritos de los reporteros eran un rugido sordo de fondo.
—¿Estás loco? —jadeó Olivia, tocándose los labios hinchados—. Acabas de insultar a la mujer más poderosa de la ciudad en televisión nacional.
—No —corrigió Liam, agarrándola de