Capítulo 18. Defraudada.

Alexander soltó el mentón de Lidia con una lentitud deliberada. Sus dedos rozaron la piel de su cuello, justo sobre la marca púrpura que él mismo había dejado. Lidia sintió un escalofrío que no era de miedo, sino de una rabia mezclada con una atracción eléctrica que la asfixiaba.

—Baja a desayunar —ordenó él. Su voz era plana, sin rastro de la burla anterior—. Y despierta a Victoria para que comamos todos juntos en el comedor. No tardes.

Alexander salió de la habitación sin mirar atrás. Lidia s
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