Capítulo 17. Jaula de cristal.
Lidia sintió que la sangre se le convertía en granizo dentro de las venas. Estaba en el baño, con la bata de Alexander aún tibia sobre el suelo y la piel erizada, no por el frío, sino por la voz de Víctor Alcázar. Era una frecuencia gélida, una vibración cargada de una crueldad que no admitía réplicas ni negociaciones legales.
—¿Decisión? —siseó Lidia, apretando el teléfono hasta que sus nudillos blanquearon tanto que parecieron de mármol—. Víctor, si tocas a un solo miembro de mi familia, te j