Capítulo 19. El peso de la lógica.
El motor del sedán negro rugió, dejando atrás el eco de los gritos de Mariana. Ella no era una mujer de acción, pero su cerebro procesaba la crisis como un algoritmo. Estaba aterrada, sí, pero la irritación por la arrogancia de Alexander y la brutalidad de Víctor le daban una lucidez gélida.
El trayecto fue corto, apenas quince minutos de giros violentos y un silencio sepulcral dentro del vehículo. Los hombres de Víctor no hablaban. Solo la sujetaban.
—Bajen la mercancía —ordenó uno de ellos cu