Capítulo 16. Los ronquidos.

El primer rayo de sol se filtró por una rendija de las cortinas negras, cortando la penumbra de la habitación como una hoja de afeitar. Lidia abrió los ojos de golpe. Su corazón dio un vuelco antes de que su cerebro lograra ubicarla.

El olor la golpeó primero: madera limpia, loción cara y un rastro metálico. El olor de Alexander Voss.

Giró la cabeza hacia la derecha. Victoria seguía dormida, hundida en el edredón de algodón egipcio, con el rostro relajado y los cabellos desparramados sobre la
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