Capítulo 100. La mentira de hielo.
A doce mil kilómetros de distancia, en la inmensa fortaleza rodeada de nieve, Lidia había logrado salir de su habitación, un “privilegio” que había logrado gracias a su embarazo. Por eso en ese momento, mientras caminaba por el pasillo de la casa, escuchó voces; la curiosidad hizo que pegara la oreja a la pesada puerta del salón.
El piso de mármol le congelaba los pies descalzos. Contuvo la respiración. Afuera, en el pasillo, la voz de Andrés resonaba fuerte y clara.
—Preparen a los francotirad