La noche había caído sobre la mansión Delacroix como un manto de terciopelo negro. Clara se retiró a su habitación después de una cena particularmente tensa, donde las miradas entre ella y Adrian habían sido tan intensas que casi podían palparse en el aire. Desde el incidente en el jardín, cuando sus labios casi se encontraron, algo había cambiado entre ellos. Una corriente invisible que los atraía y los repelía con igual fuerza.
Exhausta por el peso de sus propios pensamientos, Clara se dejó ca