La mansión Delacroix parecía más silenciosa que de costumbre aquella tarde. El viento otoñal golpeaba suavemente los ventanales mientras Clara ordenaba meticulosamente los libros de la biblioteca. Había encontrado en esta tarea solitaria un refugio para sus pensamientos cada vez más turbulentos. Sus dedos recorrían los lomos de cuero, sintiendo las letras doradas bajo sus yemas, como si buscara respuestas en aquellos volúmenes centenarios.
"Madame Austen, Señor Shakespeare, Señor Milton... todos