La mañana había comenzado con una calma inusual en la mansión Delacroix. El sol de primavera se filtraba por los ventanales del salón principal, dibujando patrones dorados sobre el suelo de mármol. Clara se encontraba organizando las flores recién cortadas del jardín, colocándolas en jarrones de porcelana china con la delicadeza que había aprendido durante sus meses en la casa.
Sophia, la pequeña de diez años, la observaba con atención desde un rincón, siguiendo cada uno de sus movimientos con e