Mundo ficciónIniciar sesiónLa escalinata del Old Bailey olía a piedra húmeda y a la clase particular de triunfo que sabe amargo desde el primer momento.
Clara descendió los peldaños con la espalda recta y los ojos fijos en el horizonte gris de Londres, consciente de que cada paso la alejaba de la sala donde había recuperado su nombre—o más bien, el nombre que había elegido para reemplazar al que había abandonado. A su izquierda, Adrian caminaba con es







