La mañana siguiente amaneció gris y fría, como si el clima mismo reflejara el estado de ánimo de la casa. Clara había pasado la noche en vela, incapaz de borrar la sensación de los labios de Adrian sobre los suyos, el recuerdo de sus manos en su cuerpo. Se sentía sucia y excitada al mismo tiempo, una combinación que la llenaba de vergüenza.
Sophia se había despertado temprano, inquieta y pegajosa. La niña parecía sentir que algo terrible se aproximaba, aferrándose a Clara con una desesperación q