VICTORIA
Al día siguiente, el amanecer apenas clarea cuando el auto de Max se detiene frente a la entrada privada del hospital. Entramos sin registrar nombres en la recepción principal; el médico de confianza de Maximiliano ya nos espera en su consultorio privado.
Max no se aparta de mi lado. Se queda de pie, con los brazos cruzados y la mirada fija en el doctor, vigilando cada movimiento. El médico, un hombre maduro de ademanes meticulosos, saca mi expediente y va directo al grano con las preg