SIN DEUDAS, SIN RENCOR.
VICTORIA.
Bajo al estacionamiento y me encuentro con un chofer uniformado junto a un Mercedes negro blindado. Maximiliano no solo envió ropa; envió una escolta. Subo al auto en silencio. El trayecto hacia la oficina es rápido. Llego pasado el mediodía, y lo que le dije a mi hermana es verdad, una vez pague lo que le debo y cumpla con mi promesa, me voy.
Entro en el despacho de Maximiliano sin anunciar mi llegada. Él está tras su escritorio, pero al verme, deja de escribir y se reclina en su sil