MAX
La miro fijamente, asimilando su fuerza. Hace dos meses no recordaba ni mi nombre, y ahora está aquí, sosteniéndome el piso cuando todo mi tablero se está viniendo abajo.
—Voy a mantener la calma —le prometo, bajando la voz, dejando que mi frente descanse un segundo contra la suya—. Pero en cuanto ese niño esté a salvo, te juro por mi vida que Adel no va a volver a respirar el mismo aire que nosotros.
—Primero el niño, Max —responde ella, cerrando los ojos—. Primero mi sobrino. Después hace