MAX.
Dejo que la histeria de Valentina se disipe en el fondo de la sala mientras Sergie la contiene. Las acusaciones y las bofetadas me importan un carajo; el verdadero problema es que Adel tiene al niño y la culpa de haber subestimado a esa escoria me está quemando por dentro.
Le hago una seña imperativa al detective Volkov, apartándolo hacia el pasillo de la entrada para hablar sin los gritos de las mujeres encima. El oficial me mira con fastidio, sosteniendo su libreta, pero mi postura le ad