VICTORIA.
El frío de la nieve me golpea las mejillas mientras sostengo las manos de Maximiliano. El cura da un paso al frente, se acomoda la estola y aclara la voz para dar inicio al sacramento. Su voz resuena con un eco pesado, solemne, bajo el cielo abierto.
—Reunidos ante Dios y ante esta comunidad —comienza el oficiante, con tono pausado—, nos disponemos a celebrar el matrimonio de Maximiliano y Victoria. Este lazo es sagrado, una unión indisoluble que exige fidelidad, respeto y entrega mut