VICTORIA
En cuanto entramos, la marea de invitados se nos viene encima. Nos movemos por el salón con paso estratégico. Un hombre alto, de cabello canoso y cicatriz en la mejilla, se acerca con una copa de vodka en la mano.
—Felicidades, Markov —dice, chocando su copa con la de Maximiliano—. Una mujer hermosa. Esperemos que esta alianza traiga la estabilidad que los muelles necesitan.
—La estabilidad la aseguro yo con mis métodos, Vollov, pero agradezco el gesto —responde Maximiliano con una son