VICTORIA
Él me mira, sopesando mis palabras. En ese instante, uno de sus hombres se le acerca por el pasillo, cubierto de sangre, y le susurra algo al oído. Sergie asiente. Se gira hacia nosotras, hace una leve inclinación con la cabeza a modo de disculpa y se da la vuelta para seguir a sus subordinados hacia el área de quirófanos, tomándose la clínica como si fuera su propia casa.
En cuanto nos quedamos solas, me vuelvo hacia mi hermana, tomándola de los hombros con brusquedad. El corazón me l