MAX.
Tragué cada gota de su esencia. Me detuve solo cuando sentí que sus muslos dejaban de temblar contra mis hombros. Victoria estaba deshecha sobre las sábanas, con el pecho subiendo y bajando en un ritmo errático y los ojos fijos en ese resplandor verde del techo. Me incorporé con lentitud, sintiendo el peso de mi propia sangre golpeando en mis sienes. No me bastaba con verla rota de placer; la quería completa, quería sentir cómo mi cuerpo reclamaba el espacio que ella me había abierto.
—Mír