SABOREANDO A MI JEFE.
VICTORIA..
Siento el peso de su mirada clavado en mí, una presión que me obliga a ser valiente cuando por dentro soy un manojo de nervios. Maximiliano me ha dado el control, pero es un regalo pesado, uno que quema. Mis manos tiemblan ligeramente mientras me deshago de su ropa, revelando la inmensidad de ese cuerpo que parece diseñado para la guerra.
Me quedo ahí, frente a él, sintiendo la humedad del aire y el pulso desbocado en mi cuello. El silencio es denso, cargado de una expectativa que me